Lilith: Ni reina ni demonio
No nací de una costilla ni de una idea secundaria.
Eso es lo primero que torcieron. Me hicieron creer -y repetir- que mi lugar estaba
un paso atrás, un poco más abajo, con la cabeza inclinada. Yo no entendía de jerarquías
Entonces. Solo sabía respirar, tocar la tierra, sentir el calor del cuerpo ajeno.
Éramos iguales al principio, pero la igualdad incomoda cuando alguien necesita mandar
para no desmoronarse.
Me dijeron que mi forma de ser era un error. Qué mi
boca era demasiado directa, que mis piernas no sabían quedarse quietas, que mis
preguntas no eran apropiadas. Yo hablaba como sentía: rápido, sin adornos, a veces
con rabia, a veces con hambre. No sabía callar para agradar. No sabía bajar la mirada
para sobrevivir. Y eso, con el tiempo, se volvió imperdonable.
No me fui por capricho. Nadie se va de un lugar donde
todavía puede respirar. Me empujaron con palabras suaves al principio, después con
silencios, después con castigos que no dejaban marcas visibles, pero sí una presión
constante en el pecho. Me dijeron que, si no aceptaba la forma correcta de existir,
iba a quedarme sola. Como si la soledad fuera peor que desaparecer dentro de otro.
Cuando crucé el borde -porque siempre hay un borde,
aunque no lo llamen así- el aire cambió. Ardía. No era el infierno que prometían,
pero tampoco era hogar. Era un espacio sin nombre donde todo estaba por inventarse.
Me dolió el cuerpo entero durante días. No por el castigo, sino por la certeza:
ya no había vuelta atrás. Nadie que aprende a nombrarse se vuelve dócil.
Después vinieron las versiones. Las historias que contaron
sobre mí para justificar mi ausencia. Dijeron que me volví peligrosa, que mi deseo
era una plaga, que mis manos robaban lo que no podían crear. Dijeron que yo elegí
la oscuridad, como si la luz siempre hubiera sido neutral. Me transformaron en advertencia
para otros cuerpos inquietos. En un monstruo. En excusa.
No niego que cambié. ¿Cómo no hacerlo? Cuando te expulsan
del relato, aprendes a escribir con sangre si hace falta. Aprendes a sobrevivir
con lo que te negaron. Mi rabia se afiló. Mi deseo dejó de pedir permiso. Mi ternura
se volvió selectiva. No me volví mala: me volví lúcida. Y la lucidez asusta más
que cualquier demonio.
A veces me canso. No siempre quiero ser símbolo, ni
Mito, ni amenaza. Hay días en los que solo soy alguien agotado, con el cuerpo tenso,
respondiendo rápido para que no me pregunten demasiado. "Da igual", digo. "No importa". Mentira. Siempre importa. Pero aprendí
que mostrarlo puede costar caro. Así que aprieto los dientes, corto las frases,
me adelanto al abandono como quien empuja antes de ser empujado.
También quise encajar. No lo niego. Hubo momentos en
los que suavicé la voz, bajé el filo, pregunté si estaba bien así, si molestaba
menos de esta forma. Me odié un poco por eso. Pero el deseo de pertenecer es una
herida antigua, y a veces supura sin avisar. No me hace débil. Me hace humano, aunque
eso tampoco me lo perdonen del todo.
Sé que cargan mi nombre -el que me dieron después-
como si fuera una maldición. Lo susurran cuando quieren asustar, cuando quieren
controlar, cuando necesitan explicar por qué alguien no obedece. Yo escucho. Siempre
Escuché. Y cada vez que lo hacen, algo en mí se tensa y se aclara al mismo tiempo.
Porque sé lo que fui y lo que no. Sé lo que ocurrió en realidad, incluso cuando
lo cubrieron con siglos de miedo.
No pedí ser ejemplo de nada. Solo quise existir sin
Arrodillarme. Quise un cuerpo propio, una voz que no temblara al decir no, una forma
de amar que no fuera sumisión disfrazada de orden. Por eso me castigaron. Por eso
me nombraron de formas que no elegí. Por eso todavía me invocan con cautela, como
si mi historia pudiera contagiarse.
A veces me pregunto qué habría pasado si me hubiera
Quedado. Si hubiera cedido una vez más. Tal vez me habrían dejado en paz. Tal vez
me habrían querido. O tal vez me habría ido apagando despacio, hasta convertirme
en algo correcto y vacío. No lo sé. No quiero saberlo. Hay preguntas que no llevan
a ningún lugar habitable.

Comentarios
Publicar un comentario