Lilith: Ni reina ni demonio
No nací de una costilla ni de una idea secundaria. Eso es lo primero que torcieron. Me hicieron creer -y repetir- que mi lugar estaba un paso atrás, un poco más abajo, con la cabeza inclinada. Yo no entendía de jerarquías Entonces. Solo sabía respirar, tocar la tierra, sentir el calor del cuerpo ajeno. Éramos iguales al principio, pero la igualdad incomoda cuando alguien necesita mandar para no desmoronarse. Me dijeron que mi forma de ser era un error. Qué mi boca era demasiado directa, que mis piernas no sabían quedarse quietas, que mis preguntas no eran apropiadas. Yo hablaba como sentía: rápido, sin adornos, a veces con rabia, a veces con hambre. No sabía callar para agradar. No sabía bajar la mirada para sobrevivir. Y eso, con el tiempo, se volvió imperdonable. No me fui por capricho. Nadie se va de un lugar donde todavía puede respirar. Me empujaron con palabras suaves al principio, después con silencios, después con castigos que no dejaban marcas visibles, pero sí una presión...